Día: 25 de octubre de 2013

Cantaremos. 27 de Octubre. Domingo XXX del Tiempo Ordinario/C

Ten piedad , OH Dios

Con la parábola del fariseo y el publicano, Jesús nos pone frente a un cúmulo de reflexiones, dejando en claro su profundo conocimiento del hombre. No es sólo una crítica a los fariseos de entonces, sino un llamado a todo aquél que teniéndose por justo señala con dureza a los demás.

La oración del fariseo es un espejo de su actitud interior. Era cumplidor de la Ley, pero a la letra de su ley le faltaba espíritu. Por eso era arrogante. Al publicano en cambio le duele ser un pecador y sólo acierta a decir: ¡Oh Dios, ten compasión de mi! . Entre estos dos retratos nos encontramos todos. Algunos habitualmente, otros ocasionalmente… Es posible que en algún momento hasta nos hayamos atrevido a pensar: ¡Oh Dios, te doy gracias porque no soy como aquél fariseo!
Esta parábola es como un bisturí… nos abre el corazón y el alma y nos enseña a no vivir seguros de nuestra inocencia. Tal vez la autocrítica nos convierta en sencillos publicanos, dolidos pecadores, pero mucho más cerca del perdón y de la compasión de Dios!

CANTAREMOS:

      • Reunidos en el nombre del Señor……………………………………………….191
        • Señor ten piedad-Gloria-Aleluya
        • Antífona
      • Te ofrecemos Señor…………………………………………………………….……186
        • Santo-Padre nuestro-La paz
        • Cordero de Dios
      • Señor Dios nuestro………………………………………………………..…………169
      • Tan cerca de mi……………………………………………………………………….193
      • Tomado de la mano………………………………………………………………….191

27 de Octubre.Domingo XXX del Tiempo Ordinario/C

Evangelio según San Lucas (Lc 18,9-14)

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola sobre algunos que se tenían por justos,  y despreciaban a los demás:
–Dos hombres subieron al templo para orar. Uno era un fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias.
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, apiádate de mi, que soy un pecador.
Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.