Categoría: Historias

Historias de la Iglesia en Venezuela.

Ucrania. La comunidad que se convierte en bálsamo para el dolor.

El encantador paisaje de los Cárpatos, los aromas de la primavera, el sonido cristalino del río, el alegre canto de los pájaros. Aquí, en Zariccia, un pueblo de la región de Ivano-Frankivsk, en el oeste de Ucrania, la mente se niega a pensar en la guerra y la destrucción, causa del sufrimiento en el este y el sur del país. En Zariccia, sólo la presencia de los 44 refugiados que han sido acogidos en la casa de ejercicios espirituales de la Congregación Misionera de San Andrés habla de la guerra. “En los primeros días, todos parecían un poco temerosos, recelosos, cada uno intentaba establecer sus propios límites sí mismos y los demás”, dice el padre Ihor Kliuba, sacerdote greco-católico de la archieparquía de Ivano-Frankivsk, a quien los miembros de la Congregación pidieron que se hiciera cargo de los nuevos habitantes de la casa que lleva el nombre de los santos Cirilo y Metodio. El padre Ihor vive ahora aquí, junto con su esposa y su pequeño hijo de seis meses.

Los miedos se desvanecen

“Antes de venir aquí, mi esposa y yo también estábamos un poco preocupados porque no conocíamos a estas personas ni su estado de ánimo, temíamos que no nos aceptaran, pensábamos en posibles conflictos”, recuerda el joven sacerdote, que se ordenó hace unas semanas. Al cabo de un rato, los temores, tanto de los refugiados como del padre Ihor y su esposa, se disiparon en la armonía de la naturaleza circundante, sanadora del cuerpo, pero también en las conversaciones cotidianas, en los esfuerzos de todos por hacer la vida diaria más cómoda y hermosa, y en la oración común, sanadora del alma.

La dimensión ecuménica

“Podemos decir que esta es una casa ecuménica”, dice el padre Ihor. “Los refugiados pertenecen a diferentes confesiones cristianas: entre ellos están los protestantes, los ortodoxos. Mi familia y yo somos los únicos católicos”. Este hecho sólo planteó una pregunta al joven sacerdote: “¿Cómo organizar una oración diaria en la que todos pudieran participar?” “Después de pensarlo un rato”, cuenta, “le dije que todas las tardes, a las 20 horas, tendríamos una oración común y quien quisiera podría participar. Para el padre Ihor, la presencia de todos fue una sorpresa. Todas las noches la comunidad reza, a veces el sacerdote propone una breve catequesis, y después también se discuten los asuntos prácticos de la casa, las decisiones que hay que tomar para el día siguiente. “Si no hubiera capilla en esta casa, si no hubiera oración comunitaria”, dice el padre Ihor, “creo que el ambiente general sería muy diferente: probablemente habría conflictos y peleas. Este encuentro de oración nos une, nos convierte en comunidad, y aquí vivimos las palabras del Evangelio: ‘Que todos sean uno'”.
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CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 14 (8 de noviembre de 2020)

EL CUADRO DEL PURGATORIO DEL PINTOR CRISTÓBAL ROJAS

Después de la salida definitiva del poder del Gral. Antonio Guzmán Blanco, tomó posesión como Presidente de la República de Venezuela, el 5 de julio de 1888 —aniversario de la Declaración de la Independencia de Venezuela—, el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, un ferviente católico… Las relaciones entre la Iglesia y el Estado mejoraron notoriamente… Cuando se trató de crear dos nuevas Parroquias en el casco urbano de la ciudad de Caracas, en octubre de 1889, las autoridades civiles y eclesiásticas, las crearon simultáneamente…

La Iglesia de La Pastora, la había construido con formidable empeño Fray Olegario de Barcelona, uno de los Capuchinos venidos a Venezuela en 1841, gracias a las gestiones del Pbro. Dr. José Manuel Alegría. Como hizo notar en su oportunidad Mons. Nicolás Navarro, Fray Olegario logró granjearse la buena voluntad de los sucesivos Presidentes de la República: El Gral. “Guzmán Blanco mismo, el hombre incapaz de reconocer otra superioridad que la suya propia, rindió reconocimiento a la virtud del humilde Capuchino, y fue él quien, con la más espontánea generosidad y de una manera harto imprevista, puso en manos del Padre Olegario la primera suma considerable para la construcción de La Pastora. En seguida, el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, durante los días de su glorioso Gobierno, enalteció los vínculos de su cordial amistad, que le ligaban con nuestro Religioso Capuchino desde que éste fue Capellán del Ejército, prosiguiendo con ahínco la fábrica, sin omitir ninguna clase de expensas, hasta dejarla casi concluida. El Dr. Raimundo Andueza Palacio llevó la obra a término; y el General Joaquín Crespo prestó también un valioso contingente en el pago de algunas deudas, con que el venerable anciano quedó comprometido al fin de la jornada”.

Precisamente por encargo de Fray Olegario de Barcelona, pintó Cristóbal Rojas el cuadro del purgatorio entre 1888 y 1890 en París, ya gravemente enfermo de tuberculosis… Según Alberto Junyent, en su sucinta pero enjundiosa biografía de Cristóbal Rojas, el pintor intentó encontrar alguna orientación para el cuadro en el Museo del Louvre… Allí se encontró con un colega francés, de edad madura, a quien había conocido por intermedio de Martín Tovar y Tovar, pintor venezolano, que había estudiado en París, años atrás, y que se había venido a París con Arturo Michelena en 1885… El joven venezolano le expuso sus inquietudes, y el colega francés —cuyo nombre no menciona Junyent— lo invitó a pasar por su casa para hacerle ver algo que podría serle muy útil… Al día siguiente, en su casa, “le prestó dos abultados tomos de la ‘Divina Comedia’ de Dante ilustrados por Gustave Doré. Es de suponer que el pintor leyó el poema del gran poeta florentino con avidez. En todo caso, es lo cierto que Rojas tomó pie del libro para concebir una curiosa composición que llevaría el título de ‘Dante y Beatriz a orillas del Leteo’”, que llegó a figurar en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses… Leer más

CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 13 (2 de noviembre de 2020)

EL ALMA DE GREGORIO RIVERA

    Es costumbre piadosa en Venezuela encargar Misas en sufragio por el alma de Gregorio Rivera para que aparezcan las cosas perdidas… ¿Cómo se originó esta costumbre? ¿Quién fue Gregorio Rivera? Se le debe a Don Tulio Febres Cordero —célebre escritor venezolano de finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX— el relato titulado “El alma de Gregorio Rivera, que se desarrolla en la ciudad de Mérida, en el Siglo XVIII: Trata de Don Gregorio Rivera y Sologuren, quien, inflamado por sus celos, daba mala vida a su esposa Doña Josefa Ramírez de la Parra… Un día, ésta, después de verse amenazada de muerte por su esposo, se refugió en el Convento de Monjas Clarisas, donde tenía una tía y una hermana… La Madre Abadesa informó al Señor Vicario y Capellán del Convento, Pbro. Dr. Francisco de la Peña y Bohórquez, quien dio permiso a las Monjas de dar asilo a la señora… Pasaban los días, y Don Gregorio persistía con tenacidad en que debían entregarle a su esposa… Un día, el 5 de mayo de 1739, se encaminó al Convento de las Monjas Clarisas: “A los recios golpes que daba, contesta la Monja portera tras el torno. Don Gregorio le dice de mal talante que deseaba hablar personalmente con la Madre Abadesa. La portera, con el sobresalto del caso, pasa el recado, en momentos en que la Superiora se hallaba en la piadosa labor de vestir una imagen del Niño Jesús. Llena de angustia, dirígese a la portería, pero se devuelve del camino, sobrecogida por súbito presentimiento. En viendo Don Gregorio que la Abadesa excusaba presentarse, sale de la portería ciego de ira, lanzando terribles amenazas. Las Monjas hacen cerrar tras él las puertas, y se entregan a la oración. (…) Los pasos precipitados de Don Gregorio se oyeron resonar por algunos instantes en la solitaria calle, simultáneamente con el crujir de las cerraduras del Monasterio. Y sobrevino el silencio, ¡el silencio precursor del desastre!”. Se escuchó una detonación de arma de fuego… ¡Don Gregorio había asesinado al Vicario, Pbro. Dr. Francisco de la Peña y Bohórquez! Don Gregorio se dio a la fuga, pero transcurridas unas horas se entregó a la justicia…

    Llevado a cabo el proceso, “breve y sumariamente, pues se trataba de un hecho cometido a plena luz del día, en el centro de la ciudad, confesado también por el mismo criminal”, “Don Gregorio fue conducido a caballo al lugar del suplicio, en la Plaza Mayor de Mérida, siendo allí fusilado y no ahorcado”.

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CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 15 (22 de noviembre de 2020)

NATALICIO DEL PBRO. DR. JOSÉ CECILIO ÁVILA

Será siempre una gloria inmarcesible del eximio escritor y periodista Juan Vicente González haber legado a la posteridad la biografía del Padre Ávila, sacerdote insigne, quien, concluida la Guerra de Independencia, logró salvar la Universidad de Caracas…

Nació José Cecilio Ávila el 22 de noviembre de 1786 en el sitio de Pedernales, cercano a la población de Güigüe. Hijo de José Gregorio Ávila, quien había casado seis años antes con la aún adolescente Francisca Antonia Casañas, de doce años de edad, fue el tercero de seis hermanos. Tenía once años, cuando una violenta e inesperada enfermedad le arrebató a su progenitora, joven todavía; sin duda, la precoz maternidad le había minado el organismo. Habiéndose su padre radicado en Caracas, José Cecilio pudo seguir cursos de latín y filosofía, culminados el 11 de mayo de 1803. El 11 de agosto de 1805 obtuvo el título de Maestro en Filosofía, y el 25 de enero de 1808 el Doctorado en Teología. Al mismo tiempo que realizaba sus estudios, se preparaba para el sacerdocio: “Devorado del deseo de consagrarse a Dios, Ávila vistió el traje eclesiástico desde sus tiernos años. Su infancia y su adolescencia, inocentes, puras, habían corrido en el vestíbulo del templo. Vencido por la constancia del joven y asegurado de la solidez de su vocación, su padre le dejó libertad de escoger un estado, donde él mismo pensó entrar en su juventud y en que acababa de empeñarse” —el estado del sacerdocio… José Cecilio, por su parte, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1811 por el entonces Arzobispo de Caracas, Mons. Narciso Coll y Prat… Para el año 1814 fue nombrado Rector del Seminario, desempeñándose posteriormente como Catedrático en la Universidad…

Fueron incontables los méritos del Padre Ávila… Entre ellos, el de haber logrado salvar a la Universidad de Caracas: “Para 1824 la Universidad iba a cerrarse, por la imposibilidad de sostenerse. Sin dotación los catedráticos, la academia, sin medios de subvenir a los gastos más indispensables, habría caído, sin duda, por algún tiempo al menos, sin la feliz elección de Ávila para el Rectorado. Entra éste y al punto llena todas las necesidades con desinterés sin ejemplo: Restablece la abandonada disciplina, anima a los profesores, despierta el entusiasmo, y (…) da nueva vida a los estudios, los ensancha, y prepara y funda nuevas Cátedras. Amenazaba a los estudiantes una contribución para el pago de los profesores; se opone y contenta a éstos; y temeroso de la inutilidad final de sus esfuerzos, tienta el único camino para salvar y perpetuar la fuente exclusiva del saber en Venezuela: Escribe a Simón Bolívar, (…)”. Se ignora el contenido de la correspondencia que enviara el Padre Ávila al Libertador; pero, éste le contestaba en elocuente carta, fechada en Lima, el 20 de febrero de 1826, que “me será muy halagüeño satisfacer la indicación que Vuestra Señoría me hace en beneficio de esa Universidad; porque después de aliviar a los que aún sufren por la guerra, nada puede interesarme más que la propagación de las ciencias”. La falta de interés de los que en la actualidad se dicen “bolivarianos” por la enseñanza universitaria en Venezuela, o peor todavía, su interés en acabarla, está en evidente contraste con el decidido interés mostrado por entonces por el Libertador poe la Universidad de Caracas…

De las palabras a los hechos… Encontrándose Bolívar en Caracas, el 24 de junio de 1827, promulgó los nuevos Estatutos de la Universidad de Caracas, habiéndola dotado anteriormente de suficientes recursos —como hace notar el Dr. Ildefonso Leal, al escribir la historia de la Universidad Central de Venezuela: “Por primera vez el Estado venezolano puso en manos de la Universidad una sólida fuente de ingresos para desarrollar sin trabas el cultivo de la ciencia. Los fondos del extinto Colegio de Abogados, las obras pías de Cata y Chuao, los bienes de los Jesuitas expulsados [por el Rey Carlos III], las rentas anuales sobrantes de los resguardos indígenas, la renta de quinientos pesos anuales de la Canonjía Lectoral (suprimida por Decreto del 10 de marzo de 1826), la hacienda de caña dulce nombrada ‘La Concepción’ ubicada en Tácata, expropiada al canario José Antonio Sánchez y adjudicada a la Universidad por Decreto firmado el 16 de marzo de 1827, la manda benéfica de seis pesos, que los Doctores y Maestros cederían en favor de los estudios, y otros bienes, constituyeron el patrimonio económico, que el Gobierno cedió a nuestra primera casa de estudios”.

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CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 15 (22 de noviembre de 2020)

NATALICIO DEL PBRO. DR. JOSÉ CECILIO ÁVILA

Será siempre una gloria inmarcesible del eximio escritor y periodista Juan Vicente González haber legado a la posteridad la biografía del Padre Ávila, sacerdote insigne, quien, concluida la Guerra de Independencia, logró salvar la Universidad de Caracas…

Nació José Cecilio Ávila el 22 de noviembre de 1786 en el sitio de Pedernales, cercano a la población de Güigüe. Hijo de José Gregorio Ávila, quien había casado seis años antes con la aún adolescente Francisca Antonia Casañas, de doce años de edad, fue el tercero de seis hermanos. Tenía once años, cuando una violenta e inesperada enfermedad le arrebató a su progenitora, joven todavía; sin duda, la precoz maternidad le había minado el organismo. Habiéndose su padre radicado en Caracas, José Cecilio pudo seguir cursos de latín y filosofía, culminados el 11 de mayo de 1803. El 11 de agosto de 1805 obtuvo el título de Maestro en Filosofía, y el 25 de enero de 1808 el Doctorado en Teología. Al mismo tiempo que realizaba sus estudios, se preparaba para el sacerdocio: “Devorado del deseo de consagrarse a Dios, Ávila vistió el traje eclesiástico desde sus tiernos años. Su infancia y su adolescencia, inocentes, puras, habían corrido en el vestíbulo del templo. Vencido por la constancia del joven y asegurado de la solidez de su vocación, su padre le dejó libertad de escoger un estado, donde él mismo pensó entrar en su juventud y en que acababa de empeñarse” —el estado del sacerdocio… José Cecilio, por su parte, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1811 por el entonces Arzobispo de Caracas, Mons. Narciso Coll y Prat… Para el año 1814 fue nombrado Rector del Seminario, desempeñándose posteriormente como Catedrático en la Universidad…

Fueron incontables los méritos del Padre Ávila… Entre ellos, el de haber logrado salvar a la Universidad de Caracas: “Para 1824 la Universidad iba a cerrarse, por la imposibilidad de sostenerse. Sin dotación los catedráticos, la academia, sin medios de subvenir a los gastos más indispensables, habría caído, sin duda, por algún tiempo al menos, sin la feliz elección de Ávila para el Rectorado. Entra éste y al punto llena todas las necesidades con desinterés sin ejemplo: Restablece la abandonada disciplina, anima a los profesores, despierta el entusiasmo, y (…) da nueva vida a los estudios, los ensancha, y prepara y funda nuevas Cátedras. Amenazaba a los estudiantes una contribución para el pago de los profesores; se opone y contenta a éstos; y temeroso de la inutilidad final de sus esfuerzos, tienta el único camino para salvar y perpetuar la fuente exclusiva del saber en Venezuela: Escribe a Simón Bolívar, (…)”. Se ignora el contenido de la correspondencia que enviara el Padre Ávila al Libertador; pero, éste le contestaba en elocuente carta, fechada en Lima, el 20 de febrero de 1826, que “me será muy halagüeño satisfacer la indicación que Vuestra Señoría me hace en beneficio de esa Universidad; porque después de aliviar a los que aún sufren por la guerra, nada puede interesarme más que la propagación de las ciencias”. La falta de interés de los que en la actualidad se dicen “bolivarianos” por la enseñanza universitaria en Venezuela, o peor todavía, su interés en acabarla, está en evidente contraste con el decidido interés mostrado por entonces por el Libertador poe la Universidad de Caracas…

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CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 14 (8 de noviembre de 2020)

EL CUADRO DEL PURGATORIO DEL PINTOR CRISTÓBAL ROJAS

Después de la salida definitiva del poder del Gral. Antonio Guzmán Blanco, tomó posesión como Presidente de la República de Venezuela, el 5 de julio de 1888 —aniversario de la Declaración de la Independencia de Venezuela—, el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, un ferviente católico… Las relaciones entre la Iglesia y el Estado mejoraron notoriamente… Cuando se trató de crear dos nuevas Parroquias en el casco urbano de la ciudad de Caracas, en octubre de 1889, las autoridades civiles y eclesiásticas, las crearon simultáneamente…

La Iglesia de La Pastora, la había construido con formidable empeño Fray Olegario de Barcelona, uno de los Capuchinos venidos a Venezuela en 1841, gracias a las gestiones del Pbro. Dr. José Manuel Alegría. Como hizo notar en su oportunidad Mons. Nicolás Navarro, Fray Olegario logró granjearse la buena voluntad de los sucesivos Presidentes de la República: El Gral. “Guzmán Blanco mismo, el hombre incapaz de reconocer otra superioridad que la suya propia, rindió reconocimiento a la virtud del humilde Capuchino, y fue él quien, con la más espontánea generosidad y de una manera harto imprevista, puso en manos del Padre Olegario la primera suma considerable para la construcción de La Pastora. En seguida, el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, durante los días de su glorioso Gobierno, enalteció los vínculos de su cordial amistad, que le ligaban con nuestro Religioso Capuchino desde que éste fue Capellán del Ejército, prosiguiendo con ahínco la fábrica, sin omitir ninguna clase de expensas, hasta dejarla casi concluida. El Dr. Raimundo Andueza Palacio llevó la obra a término; y el General Joaquín Crespo prestó también un valioso contingente en el pago de algunas deudas, con que el venerable anciano quedó comprometido al fin de la jornada”.

Precisamente por encargo de Fray Olegario de Barcelona, pintó Cristóbal Rojas el cuadro del purgatorio entre 1888 y 1890 en París, ya gravemente enfermo de tuberculosis… Según Alberto Junyent, en su sucinta pero enjundiosa biografía de Cristóbal Rojas, el pintor intentó encontrar alguna orientación para el cuadro en el Museo del Louvre… Allí se encontró con un colega francés, de edad madura, a quien había conocido por intermedio de Martín Tovar y Tovar, pintor venezolano, que había estudiado en París, años atrás, y que se había venido a París con Arturo Michelena en 1885… El joven venezolano le expuso sus inquietudes, y el colega francés —cuyo nombre no menciona Junyent— lo invitó a pasar por su casa para hacerle ver algo que podría serle muy útil… Al día siguiente, en su casa, “le prestó dos abultados tomos de la ‘Divina Comedia’ de Dante ilustrados por Gustave Doré. Es de suponer que el pintor leyó el poema del gran poeta florentino con avidez. En todo caso, es lo cierto que Rojas tomó pie del libro para concebir una curiosa composición que llevaría el título de ‘Dante y Beatriz a orillas del Leteo’”, que llegó a figurar en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses…

No era la primera vez, que Rojas había logrado, que una obra suya fuera admitida en ese prestigioso Salón… En 1885 había enviado una obra —se trata de una maternidad—, que fue aceptada “entre las dos mil quinientas seleccionadas y expuestas, de un total de nueve mil presentadas para la admisión”, con lo cual Rojas se había convertido, después de Tovar y Tovar, en el primer pintor venezolano en exponer en dicho Salón… En1886, había pintado para el Salón un cuadro titulado “La miseria”, con el cual obtuvo Mención de Honor. En 1887, había logrado colocar en el Salón un cuadro titulado “La taberna”, y en 1888, otros dos titulados “El plazo vencido” y “La primera y última Comunión”. Ese mismo año, fue electo Presidente Constitucional de la República de Venezuela el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl… A Rojas le llegó desde Caracas el encargo de pintar el retrato del nuevo Presidente, para lo cual le enviaron algunas fotografías. En 1889, concurría al Salón con los cuadros “El bautizo” y “Dante y Beatriz a orillas del Leteo’” —este último cuadro, ya mencionado…

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YO ESTUVE EN EL ACTO DE EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS MORTALES DEL DR. JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ.

El viernes pasado me llamaron para pedirme el numero de cédula… El sábado por la mañana me llegó una señora a preguntarme por la talla de mis zapatos. Despues de responderle, que mis zapatos son talla 43, la señora me entregó unos zapatos de trenzas negros nuevecitos, talla 43… Muy pronto iba a saber por qué Dios me mandaba esos zapatos…  El mismo sábado por la mañana me llegó la invitación (personal e intransferible) al acto del día de hoy 26 de octubre de 2020, 156 aniversario del nacimiento del Dr. José Gregorio Hernández, en la Iglesia parroquial de N.S. de la Candelaria… Unos vecinos ofrecieron organizarme el traslado… La Providencia no me faltó…

Un acto hermosísimo, emocionante… Concluida la interpretación por el coro de la “Canción del alma que se huelga de conocer a Dios”, letra de San Juan de la Cruz y música de Francisco Rodrigo, el Cardenal Baltazar Porras inició la Liturgia… Después del canto del “Veni Creator Spiritus”, canto gregoriano del Siglo XIX por el cual se invoca el Espiritu Santo, se constituyó el Tribunal encargado de la exhumación, compuesto por el mismo Cardenal, el Promotor de Justicia de la Arquidiócesis de Caracas, la Notario y su adjunto, tres médicos anatomopatólogos, tres médicos antropólogos forenses, una médico odontólogo forense y seis empleados de la Funeraria Vallés. Proclamado el Evangelio por el Diácono, el Cardenal pronunció una breve homilía, en la cual aclaró, que la exhumación no tiene un sentido de muerte y sepultura, sino más bien un sentido de resurrección: El Dr. José Gregorio Hernández esta vivo, ¡intercede por nosotros ante el Señor! En seguida, fue leída el acta de la exhumación precedente, cuando los restos mortales del Dr. José Gregorio Hernández fueron trasladados del Cementerio General del Sur a la Iglesia parroquial de N.S. de la Candelaria, el 23 de octubre de 1975. A continuación, el Cardenal hizo acto de presencia en la antigua Capilla del Bautisterio de la Iglesia, y ordenó a los albañiles abrir el sepulcro… Extraída la pequeña urna con los restos mortales, fue colocada en andas, y trasladada procesionalmente al presbiterio de la Iglesia, entre tanto un conjunto de música criolla y el coro interpretaban algunos números de música venezolana… Colocada la urna en una mesa delante del Altar, fue abierta y brevemente inspeccionada por los médicos… Después del canto del himno “Te Deum laudamus”, cuya letra se atribuye a San Ambrosio de Milán, rindió honores al sepulcro el Cardenal Jorge Urosa, Arzobispo emérito de Caracas, en vivo… se vieron en las pantallas algunos videos de Obispos del interior del país rindiendo honores… y el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Aldo Giordano, presente en el acto, hizo lo propio, transmitiendo el saludo del Santo Padre, el Papa Francisco… Cantado el Padrenuestro, el Cardenal Porras impartió la bendición apostólica e indulgencia plenaria a los presentes, extensiva a quienes seguían el acto por radio, televisión y las redes sociales, según los cálculos unas 15.000.000 de personas,  dentro y fuera del país…

Los médicos disponen ahora de algunos días para realizar su trabajo y elaborar su informe… con lo cual ya queda despejado el terreno para el acto de la Beatificación del Dr. José Gregorio Hernández, previsto para el año próximo… ¡Alabado sea Dios!

Pbro. RAMÓN VINKE.- 26 de octubre de 2020.

CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 9 (24 de septiembre de 2020)

LA VIRGEN DE LAS MERCEDES

    Hoy, 24 de septiembre, la Iglesia celebra a la Virgen bajo la advocación de Mercedes; advocación, propagada por la Orden de la Bienaventurada Virgen María de las Mercedes—así llamada actualmente— por San Pedro Nolasco en el Siglo XIII, con el propósito de redimir a los cautivos… redimir a los cristianos esclavizados por los moros…

    Durante la Guerra de Independencia de la América Española, la Virgen de las Mercedes fue invocada en repetidas ocasiones… El Gral. Manuel Belgrano —Prócer argentino— juró Generala del Ejército a la Virgen de las Mercedes durante la Batalla de Tucumán, que se desarrolló el 24 de septiembre de 1812 —un día de la Virgen de las Mercedes. Al amanecer, justo antes de comenzar la Batalla, se presentó un fenómeno extraordinario de la naturaleza, que describe un testigo presencial: “una pequeña nube se descubría en el cielo en figura piramidal, sostenida por una base, que parecía sostener una efigie de la imagen de Nuestra Señora”. Los soldados del Ejército al mando del Gral. Belgrano se sintieron protegidos por la Virgen…

Al anochecer del mismo día, se había decidido la Batalla a favor del ejército patriota, fugándose el ejército realista… A los dos días de la Batalla, el 26 de septiembre, el Gral. Belgrano despachó su famoso oficio al Gobierno en Buenos Aires anunciando el triunfo y atribuyéndolo a la intercesión de la Virgen de las Mercedes: “La Patria puede gloriarse de la completa victoria que han obtenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos”.

Transcurridos algunos años, el Gral. Antonio José de Sucre se disponía a conquistar la ciudad de Quito… Es conocido, que durante la campaña que emprendió desde Guayaquil, le escribió a la Madre Rosa de la Santísima Trinidad, Priora del Carmen Alto de Quito —Monasterio de Monjas Carmelitas Descalzas—, solicitándole oraciones… No se ha hallado la carta, que Sucre dirigió a la Priora con tal objeto; pero, existe la carta de la Priora al Gral. Sucre, asegurándole haber cumplido con su solicitud y felicitándolo efusivamente por el resonante triunfo de la Batalla de Pichincha…

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CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 10 (7 de octubre de 2020)

LA VIRGEN DEL ROSARIO

Hoy, la Iglesia celebra a la Virgen del Rosario… En la Iglesia, cada Orden y Congregación Religiosa propaga su particular título o advocación de la Virgen: los Franciscanos, la Inmaculada Concepción; los Capuchinos la Divina Pastora; los Carmelitas, la Virgen del Carmen; los Mercedarios, la Virgen de las Mercedes; los Salesianos, María Auxiliadora… los Dominicos, la Virgen del Rosario, con singular motivo, ya que Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la Orden, recibió de la Virgen en una visión o locución el encargo de difundir el rezo del Santo Rosario…

Pero, la devoción no se limitó a la Orden fundada por Santo Domingo de Guzmán, se hizo universal… Desde el Siglo XIV, los Romanos Pontífices recomendaron el rezo del Santo Rosario. En el año 1569, el Papa San Pío V promulgó la Carta Apostólica “Consueverunt Romani Pontifices”, en la que ilustró y en cierto modo definió la forma tradicional del Rosario. Y, transcurridos pocos años, el 7 de octubre de 1572, en el aniversario del triunfo obtenido por los cristianos sobre los moros en la batalla naval de Lepanto —triunfo, que fue atribuido al rezo del Santo Rosario—, instituyó la fiesta anual de la Virgen del Rosario. También los Papas más recientes han recomendado insistentemente el rezo del Santo Rosario, consistente en la contemplación de cinco misterios de la vida de nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen, rezándose un Padrenuestro, diez Avemarías, un Gloria y algunas jaculatorias durante la contemplación de cada misterio…

¿Por qué se llama Rosario a este ejercicio piadoso? La palabra “rosario” tiene tres acepciones: En primer lugar, se llama “rosario” al jardín donde hay muchos y variados rosales; en esta acepción se le ha dado al ejercicio el nombre de Rosario, ya que las decenas de Avemarías son como variados rosales, de acuerdo a la variedad de los misterios. En segundo lugar, se llama “rosario” a la planta misma del rosal; y en esta acepción se le ha dado al ejercicio del nombre de Rosario, porque las partes de la planta señalan y representan la diversidad de los misterios: las ramas y hojas verdes representan los misterios de gozo, mientras que las espinas los misterios de dolor y las flores los misterios de gloria. En tercer lugar, se llama “rosario” al ramillete compuesto de muchas rosas, que se ofrece a una dama muy distinguida. Y también en esta acepción se le ha dado al ejercicio del nombre de Rosario, ya que las Avemarías son como rosas, que se ofrecen a la Virgen, que es la más distinguida de las damas, ya que es la Madre de Dios.

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