Día: 29 de octubre de 2016

Nota Eclesial : Venciendo obstáculos como Zaqueo.

(RV).- No es lo que somos ni lo que tenemos lo que nos impulsa a buscar a Cristo, sino la necesidad de experimentar su misericordia. Así observamos a Zaqueo en el Evangelio (Lucas 19, 1-10) superando obstáculos para conocer a Jesús y ser testigo de la salvación.

“Hoy ha llegado la salvación a tu casa”  (Lc 19, 9),  le dijo Jesús al hombre que luego de tantas situaciones no orientadas al bien común es impactado por la misericordia de Dios que, sin mirar la condición del pecador se agrada en el esfuerzo por alcanzarlo para estar con Él.

De esta manera actuó Zaqueo, venciendo las dificultades para conocer a Jesucristo. En la resiente Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Francisco hablaba sobre estos obstáculos superados por Zaqueo. “El primero es la baja estatura: Zaqueo no conseguía ver al Maestro, porque era bajo”, pero no podemos obviar que nuestra estatura espiritual es tan grande como el don de ser hijos de Dios que nos impulsa siempre a buscarlo.

Francisco menciona la “vergüenza paralizante”, como un segundo obstáculo que hace permanecer en el pecado, cerrando los ojos a la salvación. El Papa decía en aquella homilía “no se avergüencen de llevarle todo, especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesión: Él sabrá sorprenderlos con su perdón y su paz”.

Y luego el obstáculo de la “multitud que murmura” a quienes quieren estar cerca de Jesús, cuya misericordia es infinita. Jesucristo no mira el pasado del hombre arrepentido sino su propósito de construir con el Evangelio, compartiendo con los pobres sus bienes, un puente para ser testigo de la salvación.

La salvación nos hace herederos del amor y la misericordia de Dios, recuerda que somos capaces de seguir venciendo los obstáculos de un mundo relativista para encontrarnos con Jesucristo en su Evangelio y los sacramentos, y vivir la alegría de la salvación.

P. Johan Pacheco para RADIO VATICANA.

http://es.radiovaticana.va/news/2016/10/29/nota_eclesial-_p_johan_pacheco_-_domenica_30_octubre_2016/1268629

Cantaremos. XXXI Domingo del Tiempo Ordinario /C

La Liturgia nos invita a no tener miedo de ir a lo más interno de nosotros mismos para descubrir la necesidad de transformación que llevamos dentro.

Zaqueo es un hombre que sólo ha servido al Dios dinero. Por eso mismo es una persona insatisfecha. Su vida se ha quedado atrapada en la inhumanidad. El Evangelio lo describe como bajo de estatura. ¿Será que la estatura humana tiene el tamaño de la dignidad, libertad y generosidad que poseamos? Pero este hombre encontró en Jesús un nuevo motivo para vivir.

El encuentro con Jesús lo cambió por completo. Su estatura también cambió. De ahora en adelante su estatura será la alegría, la generosidad y la libertad. Y es que si permitimos la entrada de Dios en nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro trabajo y a nuestra comunidad eclesial o religiosa, todo se transformará. La amistad con Dios sólo da lugar a la comunión, fraternidad y solidaridad.

Muchas veces nos dejamos atrapar por nuestras rutinas dañinas, aunque no las veamos, ni midamos el daño que producen. Con el paso del tiempo terminamos acostumbrándonos a lo que somos y hacemos. Incluso, llegamos a convencernos que es demasiado tarde para cambiar. Y por ello nos cerramos a la novedad de Dios y a la novedad de la vida. Que rompamos nuestros cercos para exponernos al fuego de la Palabra, para que nos convirtamos en auténticos hijos de Dios y hermanos de los demás.

P. Gustavo Albarrán, sj. (Pan Diario de la Palabra)

CANTAREMOS:

      • El Señor nos llama y nos reúne ………………………….     
        • Señor ten piedad – Gloria
        • Aleluya – Antífona
      • Este pan y vino ………………………………………………..    
        • Santo – Padre nuestro
        • La Paz – Cordero de Dios
      • Pescador ………………………………………………………..    
      • Señor tu eres nuestra luz …………………………………    
      • Alabaré …………………………………………………………     

30 de Octubre- XXXI Domingo del Tiempo Ordinario /C

Evangelio según san Lucas (Lc 19,1-10)

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”.

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.