7 de Julio. Domingo XIX del Tiempo Ordinario /C

Evangelio según san Lucas (Lc 10,1-12,17-20)

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos discípulos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
–La cosecha es abundante y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.
¡Pónganse en camino! Yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero , ni alforja, ni sandalias; y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Cuando entren en una casa, digan: «Que la paz reine en esta casa.» Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes, se cumplirá; si no, no se cumplirá.
Quedense en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el trabajador tiene derecho a su salario.
No anden de casa en casa . En cualquier ciudad donde entren y los reciben bien, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya, y díganles: «Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios.»
Cuando entren a un pueblo y no los reciban, salgan por las calles y digan: «Hasta el polvo de esta ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes.» «De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios.»
Yo les digo que en el día del juicio ,Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad. Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
–Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
El les contestó:
–Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. A ustedes les he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer todo el ejército del enemigo y Y nada les podrá hacer daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque los demonios se les sometan. Alégresen mas bien porque sus nombres están inscritos en el cielo.