Día: 2 de enero de 2016

Epifanía del Señor

El Evangelio de Mateo (2,1-12) describe la visita de los Magos como un acontecimiento donde convergen intereses diversos y motivaciones contrapuestas: 1) Los Magos-Sabios que buscan a Dios guiados por una estrella que alumbra caminos nuevos. 2) Herodes, quien perturbado por el nacimiento de un Rey, acude a todo tipo de ciencia y adivinación para conjurar el destino. 3) La Estrella que sirve de guía a quienes buscan realmente la esperanza. y 4) Jesús junto a su madre María, que se convierten en el foco de la vida y la esperanza.

Siguiendo a Rovira Belloso  nos centramos en la figura de los Magos para que nos ayuden a captar los signos y las señales que conducen a Dios. Puede que nos encontremos representados en algunos de los Magos-Sabios.

El primer Sabio (mago Melchor), al despedirse de Belén, discurrió: Yo soy quien busca explicaciones para los enigmas del mundo, pues represento el saber humano, las ciencias y las teorías. Creí poseer la totalidad del conocimiento. Pero he sido conducido a una aldea llamada Belén, y una luz pequeña como en forma de estrella se ha incrustado en mi sistema de pensamiento, abriendo ventanas que ni siquiera sabía de su existencia. Después de Belén puedo ver lo concreto de la vida a través de esa estrella: veo a mis compañeros de ruta, veo al vecino enfermo, veo al anciano que espera un poco de atención, veo al niño de la calle indefenso, veo a mis seres queridos. He comenzado a ver que todo lo que me rodea (la realidad) no está al margen de mis ideas. Son su verdadera esencia.

El segundo sabio (mago Gaspar) al salir de Belén reflexionó: Yo soy quien ama la introspección, el silencio, lo sublime. Soy de poco hablar. Callo y observo con tolerancia lo que pasa a mi alrededor. Creí poseer en el silencio la mayor de las estrellas. Pero he sido conducido a Belén, y ando inquieto. No sé explicar esta alegría que llena todo mi ser y hace que mi mutismo se desborde en palabra grata, palabra amable. Al ver al Niño Jesús, he descubierto el brillo y la profundidad de la vida. Tanto esplendor ha provocado en mí un gran respeto a la personas, a quienes nunca había dedicado ni un instante de mi reflexión. He comprendido que el amor al prójimo es más grande y más significativo que andarse por las alturas. El la verdadera sabiduría y la verdadera aventura del Espíritu.

El tercer sabio (mago Baltazar), al marcharse de Belén, exclamó: Yo siendo el tercero de los magos, no soy tan sistemático ni tan agudo como mis dos compañeros, porque lo mío es captar la estrella de la vida en el colorido, en la expresión y en sus movimientos. A mi me abruma la quietud y los silencios exagerados. Yo prefiero vivir el arrebato de la vida y sentirme movido por un ritmo de danza sobrehumano.Pero al llegar a Belén y encontrarme con el recién nacido, lleno de tanta libertad, he sentido mi cuerpo envuelto en una calma que transforma mi frenesí en serenidad y gozo. He aprendido que humana es mi medida y humana mi fiesta. He descubierto que el mejor ritmo me lo da aquel Niño que con su Luz devuelve la paz a mi existencia.

Para los tres sabios (Reyes-Magos) todo ha cambiado ante la ternura, calidez y sencillez de Dios hecho hombre. Han contemplado que la humanidad de aquel Niño es la autentica sabiduría hecha inteligencia benéfica,, hecha gesto cercano, hecha ritmo de entrega total.

Que nunca nos falte audacia, valentía y libertad, como a los Magos, para que nuestras búsquedas y accione se encaminen hacia la vida y hacia Dios.

P. Gustavo Albarrán, sj. Tomado del Pan Diario de la Palabra Nº 266, Enero 2016.

3 de Enero – Domingo, Epifanía del Señor

Evangelio según san Mateo(Mt 2,1-12)

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.