Día: 25 de noviembre de 2021

CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 14 (8 de noviembre de 2020)

EL CUADRO DEL PURGATORIO DEL PINTOR CRISTÓBAL ROJAS

Después de la salida definitiva del poder del Gral. Antonio Guzmán Blanco, tomó posesión como Presidente de la República de Venezuela, el 5 de julio de 1888 —aniversario de la Declaración de la Independencia de Venezuela—, el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, un ferviente católico… Las relaciones entre la Iglesia y el Estado mejoraron notoriamente… Cuando se trató de crear dos nuevas Parroquias en el casco urbano de la ciudad de Caracas, en octubre de 1889, las autoridades civiles y eclesiásticas, las crearon simultáneamente…

La Iglesia de La Pastora, la había construido con formidable empeño Fray Olegario de Barcelona, uno de los Capuchinos venidos a Venezuela en 1841, gracias a las gestiones del Pbro. Dr. José Manuel Alegría. Como hizo notar en su oportunidad Mons. Nicolás Navarro, Fray Olegario logró granjearse la buena voluntad de los sucesivos Presidentes de la República: El Gral. “Guzmán Blanco mismo, el hombre incapaz de reconocer otra superioridad que la suya propia, rindió reconocimiento a la virtud del humilde Capuchino, y fue él quien, con la más espontánea generosidad y de una manera harto imprevista, puso en manos del Padre Olegario la primera suma considerable para la construcción de La Pastora. En seguida, el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, durante los días de su glorioso Gobierno, enalteció los vínculos de su cordial amistad, que le ligaban con nuestro Religioso Capuchino desde que éste fue Capellán del Ejército, prosiguiendo con ahínco la fábrica, sin omitir ninguna clase de expensas, hasta dejarla casi concluida. El Dr. Raimundo Andueza Palacio llevó la obra a término; y el General Joaquín Crespo prestó también un valioso contingente en el pago de algunas deudas, con que el venerable anciano quedó comprometido al fin de la jornada”.

Precisamente por encargo de Fray Olegario de Barcelona, pintó Cristóbal Rojas el cuadro del purgatorio entre 1888 y 1890 en París, ya gravemente enfermo de tuberculosis… Según Alberto Junyent, en su sucinta pero enjundiosa biografía de Cristóbal Rojas, el pintor intentó encontrar alguna orientación para el cuadro en el Museo del Louvre… Allí se encontró con un colega francés, de edad madura, a quien había conocido por intermedio de Martín Tovar y Tovar, pintor venezolano, que había estudiado en París, años atrás, y que se había venido a París con Arturo Michelena en 1885… El joven venezolano le expuso sus inquietudes, y el colega francés —cuyo nombre no menciona Junyent— lo invitó a pasar por su casa para hacerle ver algo que podría serle muy útil… Al día siguiente, en su casa, “le prestó dos abultados tomos de la ‘Divina Comedia’ de Dante ilustrados por Gustave Doré. Es de suponer que el pintor leyó el poema del gran poeta florentino con avidez. En todo caso, es lo cierto que Rojas tomó pie del libro para concebir una curiosa composición que llevaría el título de ‘Dante y Beatriz a orillas del Leteo’”, que llegó a figurar en el Salón de la Sociedad de Artistas Franceses… Leer más

CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 13 (2 de noviembre de 2020)

EL ALMA DE GREGORIO RIVERA

    Es costumbre piadosa en Venezuela encargar Misas en sufragio por el alma de Gregorio Rivera para que aparezcan las cosas perdidas… ¿Cómo se originó esta costumbre? ¿Quién fue Gregorio Rivera? Se le debe a Don Tulio Febres Cordero —célebre escritor venezolano de finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX— el relato titulado “El alma de Gregorio Rivera, que se desarrolla en la ciudad de Mérida, en el Siglo XVIII: Trata de Don Gregorio Rivera y Sologuren, quien, inflamado por sus celos, daba mala vida a su esposa Doña Josefa Ramírez de la Parra… Un día, ésta, después de verse amenazada de muerte por su esposo, se refugió en el Convento de Monjas Clarisas, donde tenía una tía y una hermana… La Madre Abadesa informó al Señor Vicario y Capellán del Convento, Pbro. Dr. Francisco de la Peña y Bohórquez, quien dio permiso a las Monjas de dar asilo a la señora… Pasaban los días, y Don Gregorio persistía con tenacidad en que debían entregarle a su esposa… Un día, el 5 de mayo de 1739, se encaminó al Convento de las Monjas Clarisas: “A los recios golpes que daba, contesta la Monja portera tras el torno. Don Gregorio le dice de mal talante que deseaba hablar personalmente con la Madre Abadesa. La portera, con el sobresalto del caso, pasa el recado, en momentos en que la Superiora se hallaba en la piadosa labor de vestir una imagen del Niño Jesús. Llena de angustia, dirígese a la portería, pero se devuelve del camino, sobrecogida por súbito presentimiento. En viendo Don Gregorio que la Abadesa excusaba presentarse, sale de la portería ciego de ira, lanzando terribles amenazas. Las Monjas hacen cerrar tras él las puertas, y se entregan a la oración. (…) Los pasos precipitados de Don Gregorio se oyeron resonar por algunos instantes en la solitaria calle, simultáneamente con el crujir de las cerraduras del Monasterio. Y sobrevino el silencio, ¡el silencio precursor del desastre!”. Se escuchó una detonación de arma de fuego… ¡Don Gregorio había asesinado al Vicario, Pbro. Dr. Francisco de la Peña y Bohórquez! Don Gregorio se dio a la fuga, pero transcurridas unas horas se entregó a la justicia…

    Llevado a cabo el proceso, “breve y sumariamente, pues se trataba de un hecho cometido a plena luz del día, en el centro de la ciudad, confesado también por el mismo criminal”, “Don Gregorio fue conducido a caballo al lugar del suplicio, en la Plaza Mayor de Mérida, siendo allí fusilado y no ahorcado”.

Leer más

CON JESÚS SEÑOR DE LA HISTORIA – Nº 15 (22 de noviembre de 2020)

NATALICIO DEL PBRO. DR. JOSÉ CECILIO ÁVILA

Será siempre una gloria inmarcesible del eximio escritor y periodista Juan Vicente González haber legado a la posteridad la biografía del Padre Ávila, sacerdote insigne, quien, concluida la Guerra de Independencia, logró salvar la Universidad de Caracas…

Nació José Cecilio Ávila el 22 de noviembre de 1786 en el sitio de Pedernales, cercano a la población de Güigüe. Hijo de José Gregorio Ávila, quien había casado seis años antes con la aún adolescente Francisca Antonia Casañas, de doce años de edad, fue el tercero de seis hermanos. Tenía once años, cuando una violenta e inesperada enfermedad le arrebató a su progenitora, joven todavía; sin duda, la precoz maternidad le había minado el organismo. Habiéndose su padre radicado en Caracas, José Cecilio pudo seguir cursos de latín y filosofía, culminados el 11 de mayo de 1803. El 11 de agosto de 1805 obtuvo el título de Maestro en Filosofía, y el 25 de enero de 1808 el Doctorado en Teología. Al mismo tiempo que realizaba sus estudios, se preparaba para el sacerdocio: “Devorado del deseo de consagrarse a Dios, Ávila vistió el traje eclesiástico desde sus tiernos años. Su infancia y su adolescencia, inocentes, puras, habían corrido en el vestíbulo del templo. Vencido por la constancia del joven y asegurado de la solidez de su vocación, su padre le dejó libertad de escoger un estado, donde él mismo pensó entrar en su juventud y en que acababa de empeñarse” —el estado del sacerdocio… José Cecilio, por su parte, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1811 por el entonces Arzobispo de Caracas, Mons. Narciso Coll y Prat… Para el año 1814 fue nombrado Rector del Seminario, desempeñándose posteriormente como Catedrático en la Universidad…

Fueron incontables los méritos del Padre Ávila… Entre ellos, el de haber logrado salvar a la Universidad de Caracas: “Para 1824 la Universidad iba a cerrarse, por la imposibilidad de sostenerse. Sin dotación los catedráticos, la academia, sin medios de subvenir a los gastos más indispensables, habría caído, sin duda, por algún tiempo al menos, sin la feliz elección de Ávila para el Rectorado. Entra éste y al punto llena todas las necesidades con desinterés sin ejemplo: Restablece la abandonada disciplina, anima a los profesores, despierta el entusiasmo, y (…) da nueva vida a los estudios, los ensancha, y prepara y funda nuevas Cátedras. Amenazaba a los estudiantes una contribución para el pago de los profesores; se opone y contenta a éstos; y temeroso de la inutilidad final de sus esfuerzos, tienta el único camino para salvar y perpetuar la fuente exclusiva del saber en Venezuela: Escribe a Simón Bolívar, (…)”. Se ignora el contenido de la correspondencia que enviara el Padre Ávila al Libertador; pero, éste le contestaba en elocuente carta, fechada en Lima, el 20 de febrero de 1826, que “me será muy halagüeño satisfacer la indicación que Vuestra Señoría me hace en beneficio de esa Universidad; porque después de aliviar a los que aún sufren por la guerra, nada puede interesarme más que la propagación de las ciencias”. La falta de interés de los que en la actualidad se dicen “bolivarianos” por la enseñanza universitaria en Venezuela, o peor todavía, su interés en acabarla, está en evidente contraste con el decidido interés mostrado por entonces por el Libertador poe la Universidad de Caracas…

De las palabras a los hechos… Encontrándose Bolívar en Caracas, el 24 de junio de 1827, promulgó los nuevos Estatutos de la Universidad de Caracas, habiéndola dotado anteriormente de suficientes recursos —como hace notar el Dr. Ildefonso Leal, al escribir la historia de la Universidad Central de Venezuela: “Por primera vez el Estado venezolano puso en manos de la Universidad una sólida fuente de ingresos para desarrollar sin trabas el cultivo de la ciencia. Los fondos del extinto Colegio de Abogados, las obras pías de Cata y Chuao, los bienes de los Jesuitas expulsados [por el Rey Carlos III], las rentas anuales sobrantes de los resguardos indígenas, la renta de quinientos pesos anuales de la Canonjía Lectoral (suprimida por Decreto del 10 de marzo de 1826), la hacienda de caña dulce nombrada ‘La Concepción’ ubicada en Tácata, expropiada al canario José Antonio Sánchez y adjudicada a la Universidad por Decreto firmado el 16 de marzo de 1827, la manda benéfica de seis pesos, que los Doctores y Maestros cederían en favor de los estudios, y otros bienes, constituyeron el patrimonio económico, que el Gobierno cedió a nuestra primera casa de estudios”.

Leer más