Día: 26 de abril de 2014

Cantaremos- 27 de Abril, II Domingo de Pascua de la Divina Misericordia /A

¡Señor mío y Dios mío!

Desde el año 2000 la Congregación del Culto Divino y de los Sacramentos ha añadido, a la denominación de IIº Domingo de Pascua, la expresión "o de la Divina misericordia", por expreso deseo del Papa Juan Pablo II. No obstante, el segundo domingo de Pascua se le conoce popularmente en la liturgia por el domingo de Santo Tomás, ya que en los tres ciclos, el evangelio del día, con la escena de Tomás, se determina el sentido y la fuerza de las lecturas. En estos domingos, hasta Pentecostés, el ciclo de Mateo deja paso al evangelio de Juan, para que éste, con su teología y con su espiritualidad, sirva de pauta y catequesis a las comunidades cristianas que celebran la resurrección.

La figura de Tomás es solamente una actitud de "antiresurrección"; nos quiere presentar las dificultades a que nuestra fe está expuesta. Tomás, uno de los Doce, debe enfrentarse con el misterio de la resurrección de Jesús desde sus seguridades humanas y desde su soledad, porque no estaba con los discípulos en aquel momento en que Jesús, después de la resurrección, se les hizo presente, para mostrarse como el Viviente. Este es un dato que no es nada secundario a la hora de poder comprender el sentido de lo que se nos quiere poner de manifiesto en esta escena: la fe, vivida desde el personalismo, está expuesta a mayores dificultades. Desde ahí no hay camino alguno para ver que Dios resucita y salva.

Tomás no se fía de la palabra de sus hermanos; quiere creer desde él mismo, desde sus posibilidades, desde su misma debilidad. En definitiva, se está exponiendo a un camino arduo. Pero Dios no va a fallar ahora tampoco; Jesucristo, el resucitado, va a «mostrarse» (es una forma de hablar que encierra mucha simbología; concretamente podemos hablar de la simbología del "encuentro") como Tomás quiere, como muchos queremos que Dios se nos muestre. Pero así no se "encontrará" con el Señor. Esa no es forma de "ver" nada, ni entender nada, ni creer nada.

Tomás, pues, debe comenzar de nuevo: no podrá tocar con sus manos la heridas de las manos del Resucitado, de sus pies y de su costado, porque éste, no es una «imagen», sino la realidad pura de quien tiene la vida verdadera. Y es ante esa experiencia de una vida distinta, pero verdadera, cuando Tomás se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres. Diciendo «Señor mío y Dios mío», es aceptar que la fe deja de ser puro personalismo para ser comunión que se enraíce en la confianza comunitaria, y experimentar que el Dios de Jesús es un Dios de vida y no de muerte.

Fray Miguel de Burgos Núñez. Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

 http://www.dominicos.org/predicacion/homilias/27-4-2014/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez

 

Cantaremos:

      • Entrada. (Una sola estrofa). Cantaremos
        • Señor ten piedad
        • Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra Paz
      • Resucitó, Aleluya…………………………………….………..284
      • Este pan y vino…………………………………………..………91
        • El joven galileo
      • Tan cerca de mí…………………………………….…………193
      • Alabaré………………………………………………….…………17
      • El Señor ha resucitado……………………………..……..….71

27 de Abril- II Domingo de Pascua de la Divina Misericordia /A

Evangelio según san Juan (Jn 20,19-31)

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos,
se presentó Jesús, en medio de ellos  y les dijo: «La Paz esté con ustedes.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús : «La Paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo.»
Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban al Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y  a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: «La Paz esté con ustedes.»
Luego le dijo a Tomás: «Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano,  métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree.»
Tomás le respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús añadió: «Tu crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto.»
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulo, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.