Día: 7 de marzo de 2015

8 de Marzo–2ª Lectura.

  • 2ª Lectura: Iª Corintios (1,22-25): Dios habla desde la sabiduría de la cruz

II.1 La segunda lectura nos propone la sabiduría de la cruz. Es un pasaje de la carta en donde Pablo afronta el problema de la división de la comunidad en distintas facciones que se remiten a personajes del cristianismo primitivo; unos a Pablo, otros a Pedro, otros a Apolo; e incluso otros (muy probablemente el mismo Pablo) a Cristo como el único que puede dar consistencia a nuestra fe. El texto de hoy forma parte de un gran conjunto (1Cor 1-4) que el apóstol afronta por informaciones de las “gentes de Cloe”, quizás una de las comunidades domésticas. Y en vez de una reprimenda moralizante y sin sentido propone, para la unidad y la comunión de la comunidad, que “crux sola nostra theologia”, como decía Lutero. En la cruz, las divisiones, los partidos, los grupos de élite de una comunidad, quedan a la altura de nuestras propias miserias.

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8 de Marzo–III Domingo de Cuaresma /B

Evangelio según san Juan (Jn 2,13-25)

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús llegó a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y  los echó a todos del templo con ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas ; y a los que vendían palomas les dijo:
–«Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre.»
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Después intervinieron los judíos para preguntarle:
–«¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?»
Jesús les respondió:
–«Destruyan este templo, y en tres días lo reconstruiré.»
Los judíos replicaron:
–«Cuarenta y seis años ha llevado la construcción de este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron  sus discípulos de que había dicho aquello, y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho. Mientras estuvo  en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre; porque él sabía lo que hay en el hombre.