Día: 24 de octubre de 2015

Cantaremos – XXX Domingo del Tiempo Ordinario/B

La gente de Galilea sabía que Jesús tenía un extraordinario poder de curación, sienten que lo hace porque está habitado por el poder del Espíritu y que la potencia sanadora de Dios habita en Él. Por eso animan al ciego Bartimeo cuando ven llegar a Jesús. A su vez Bartimeo siente que está llegando el Señor y que ésta es su oportunidad. Es ciego, pero no es mudo y puede también caminar. Suelta todo, se acerca a Jesús, y ante la pregunta del Señor "Qué quieres de mi?" , humildemente le contesta:  "Maestro, que pueda ver".

La entrañable acogida de Jesús para cada enfermo le comunica la fe en la bondad de Dios y despierta la energía oculta en el interior del hombre. En cada curación se hace visible la inmensa compasión del Señor por los seres dolientes… Jesús hace que los enfermos experimenten en su propia carne el poder de la infinita misericordia de un Dios que los ama.

Cuando Bartimeo empieza a ver, comienza a percibir la vida de una manera nueva.  Una gran enseñanza para nosotros, los cristianos de costumbre, que podemos pasar la vida como ciegos, sin ojos para contemplar la vida y la obra del Señor.  Para nosotros, como para aquellos enfermos, lo esencial es el encuentro con el Señor.

CANTAREMOS:

      • El Señor nos llama y nos reúne ……………………………………… 272
        • Señor ten piedad – Gloria
        • Aleluya – Antífona
        • Los frutos de la tierra
        • Santo – Padre nuestro
        • La Paz – Cordero
      • Quién es ese ………………………………………………………………. 145
      • Con nosotros está …………………………………………………………. 45
      • Alabaré ……………………………………………………………………….. 17

28 de Octubre – XXX Domingo del Tiempo Ordinario /B

Evangelio según san Marcos (Mc 10,46-52)

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de  sus discípulos y de mucha gente, un ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosa. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar:
–Jesús hijo de David, ten compasión de mí.
Muchos le reprendían para que se callara. Pero él seguía gritando todavía más fuerte:
–Hijo de David, ten compasión de mí.
Jesús se detuvo y dijo:
–Llámenlo.
Y llamaron al ciego diciéndole:
–¡Ánimo!, levántate, porque él te llama.
El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús.
Entonces Jesús le dijo:
–¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
–Maestro, que pueda ver.
Jesús le dijo:
–Vete, tu fe te ha salvado. 
Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.