Día: 25 de febrero de 2017

VIII Domingo del Tiempo Ordinario/A – Reflexiones.

Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia

Con este domingo concluimos la primera parte del Tiempo Ordinario. La segunda parte la retomaremos otra vez una vez pasados los domingos de Pascua y las fiestas de la Trinidad y del Corpus.

También concluimos el Sermón de la Montaña que en distintos fragmentos hemos ido proclamando a lo largo de estas semanas. Ha sido San Mateo quien, a partir del tercer domingo de este Tiempo, nos ha ido presentando el ministerio de Jesús en su comienzo en Cafarnaúm haciendo la invitación de: “¡Convertíos!, porque está cerca el Reino de Dios”. Luego, en el cuarto domingo se proclaman las Bienaventuranzas del ese Reino y prosigue varias perícopas del Sermón del Monte.

Este domingo nos viene a poner delante de nosotros en qué Dios creemos. ¿En el que es nuestro Padre que nos quiere como una madre?, o ¿en el Ídolo inmediato del dinero, de lo temporal y, por tanto, lo perecedero? San Pablo vendrá en nuestra ayuda para decirnos lo importante es que seamos fieles, como administradores de los misterios de Dios y nos invita también a que nos dejemos juzgar por la providencia de nuestro Dios que nos ama con gran ternura. La Cuaresma, que vamos a iniciar, nos ayudara a reconocer todo esto y a poderlo celebrar en la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Fr. Manuel Gutiérrez Bandera
Virgen del Camino (León)

Cantaremos–VII Domingo del Tiempo Ordinario /A

Desde hace veinte siglos Jesús señaló cuál es el mayor obstáculo para la convivencia humana y lo resumió en una frase tajante: “No pueden servir a Dios y al dinero“. La veracidad profunda de sus palabras van al meollo de su doctrina. Su Evangelio nos da la clave para hacer de este mundo un enclave del reino de Dios: Dios no puede reinar, ni ser Padre de todos sin exigir justicia para todos.  Es evidente que aquellos que son dominados por el ansia de acumular riquezas y poder, no pueden trabajar por una economía sana, no pueden construir un mundo realmente fraterno y humano ya que sólo van sembrando a su paso un mundo de miserias, donde el número de excluidos crece incontroladamente, abandonados al hambre, la miseria y la muerte. La conclusión es que, un cristiano sin sensibilidad por el hermano necesitado, no es más que una caricatura…

El Señor nos invita además a no perder la paz pensando en qué comeremos o en qué beberemos….Nos invita a una sana confianza en la Providencia amorosa de Dios que da de comer a las aves del cielo y viste de inigualable hermosura a los lirios del campo, lo cual no excluye nuestra responsabilidad y previsión….´Nos invita a captar la presencia salvadora de Dios haciéndonos pensar, que en realidad, la vida es mucho más de lo que se ve….

Las paradojas parecen inseparables al llamado del Señor… Y es que a veces nos dejamos seducir por el oropel de doctrinas paralelas que se visten de evangelio, de cantos de sirenas que denuncian por un lado, mientras por otro son los principales artífices del mal. La indignación que nos embarga en algunos momentos se convierte en címbalo que suena y campana que retiñe cuando guardamos silencio y no hacemos nada ante el grito urgente de hermanos asfixiados por una economía de opresión. ¡Ya no hay vergüenza ante las imágenes de niños desnutridos, de neonatos sin derecho a la vida, de niños y perros rebuscando en la basura, de ancianos abandonados a lo peor….! Siempre surge fácil la disculpa y hasta nuestra pose de víctimas…. ¡Quién pudiera saber cómo son las cosas para el Señor!……

Julie Meucci.

CANTAREMOS:

      • Reunidos en el nombre del Señor ………………………………….. 159
        • Señor ten piedad – Gloria
        • Aleluya – Antífona
      • Te ofrecemos Señor ………………………………………………………… 186
        • Santo – Padre nuestro
        • La Paz – Cordero de Dios
      • Otras bienaventuranzas ………………………………………………….. 126
      • Tan cerca de mi ……………………………………………………………….. 193
      • Viva Cristo ……………………………………………………………………….  218

26 de Febrero–VIII Domingo del Tiempo Ordinario /A

Evangelio según San Mateo ( Mt 6,24-34)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no le hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.